Lecturas Compulsivas. Juan Pablo Plata.
Juan Pablo Plata (Bogotá, 1982).- Enfermo del mal de Montano y del mal de Boswell. Libros: Antología Umpalá. (Sic Editorial, 2006), Señales de ruta (Arango Editores, 2008 y 2012 ebook) y El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia. (Algaida, 2010)
martes, 2 de abril de 2013
Podcast de la charla de Don Delillo y Dana Spiotta durante la AWP de 2013.
Use el reproductor de abajo para oír la charla que grabé de Don DeLillo y Dana Spiotta en la conferencia AWP de Marzo de 2013 en Boston, MA.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Señales de ruta disponible en ebook en Amazon.
Para este final de año y de mundo regale un ebook lleno de cuentos colombianos. Disponible en cualquier lugar del mundo en:
Señales de ruta disponible en Amazon USA
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Señales de ruta
(Antología de cuento colombiano)
Selección y prólogo de
Juan Pablo Plata
Arango Editores, 2012.
235 páginas
(17 cuentos)
Señales de ruta reúne a un colectivo y dieciséis narradores colombianos dignos de los primeros años de un siglo y milenio, para que se unan al grupo de exploradores del abismo que se presenta en las letras hispanoamericanas.
(Enrique Vila-Matas, dixit.)
Resta la lectura morosa para hacer el juicio de los autores incluidos con el favor de la crítica, los lectores y el mejor juez literario: el tiempo. Todos los autores de Señales de ruta tienen un tiquete sin destino.
Carolina Alonso (1972) / Gato traidor.
Liliana Carbone (1972) / Cárcel blanca.
Andrés Burgos (1973) / El cuadro del abuelo.
Ignacio Piedrahíta Arroyave (1973) / Terapia.
Diana Ospina Obando (1974) / Equipaje de mano.
Gabriela Santa (1975) / Human nature.
María Castilla (1975) / Entre las estaciones centrales
Javier Arturo Moreno (1977) / Cricket.
David Roa Castaño (1977) / Yo también.
Juan Álvarez (1978) / 31 de diciembre de 1999.
Juan Sebastián Cárdenas (1978) / Combustión espontánea.
Gerardo Ferro Rojas (1979) / La comunidad del autobús.
Orlando Echeverri Benedetti (1980) / La noche sin balas.
Johann Rodríguez-Bravo (1980-2006) / Teoría de la muerte.
Rubén Varona (1980) / Un vuelo de algo con alas de polvo.
Sebastián Pineda (1982) / La decadencia de lo bacano.
Las filigranas de perder / Siete hierbas y un gatito.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Lecturas mal digeridas por jóvenes y escritores.
Por Juan Pablo Plata.
Porque lo vi en escritores, poetas, cenáculos, tertulias y en universidades con facultades de literatura y / o creación literaria, entre otros, puedo decir que la Generación Beat y el malditismo mal digeridos, por ejemplo, han hecho mucho daño a muchos literatos en ciernes o ya viejos o mejor, y en aras de la verdad, estos mismos y no las obras, se han hecho daño por entender mal lo que tan claro está en las vidas y obras de los íconos a quienes nunca podrán alcanzar, por no entender como las polillas ante un foco que lo que encandila y atrae muchas veces quema y acaba. Este fenómeno lo he podido constatar en el hemisferio occidental, en Latinoamérica y Estados Unidos. Así que no sé cómo sean las cosas en otros lados.
Para desglosar lo anterior, pongamos el caso de un(a) señor(a) de cincuenta años y un(a) muchacho(a) de diecinueve, que al fin y al cabo, son el mismo, pero que, tal vez, tienen mínimas diferencias en la cantidad de años, lecturas y experiencia.
Este señor y muchacha son ávidos lectores de Charles Bukowski, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Rafael Chaparro Madiedo, Andrés Caicedo, Jack Kerouac, Efraim Medina Reyes, Allen Ginsberg, los Nadaístas, Raúl Gómez Jattin, Porfirio Barba Jacob, el poeta peruano Luis Hernández, Rodolfo Fogwill, etc. En fin. Con esta breve enumeración se puede hacer una idea el lector de la entrada.
Ahora, las vidas de estos autores y en algunas ocasiones sus obras literarias o viceversa, llevan bohemia, rebeldía manceba y otra con causas justas, además de la ingesta inconmensurable de alcohol y el consumo de drogas. Sus obras y existencias son alicientes para escritores jóvenes y eso estaría bien por sí solo, pero pasa que estos escritores de diecinueve pueden llegar a cincuenta con el mismo Olimpo personal de autores y con la frustración de haber perseguido una carrera literaria por medios equivocados: queriendo emular las vidas y obras de otros escribiendo inspirados por la estimulación alcohólica, drogadicta y una bohemia calcada de lo que fueron las vidas y obras de los íconos como los citados. La equivocación está en el método y el resultado, pues ya no habrá otra Bogotá igual a la de 1980 – 1990 en la que se basó Rafael Chaparro Madiedo para Opio en las nubes, ni tampoco habrá otra Cali como la de Andrés Caicedo en ¡Qué viva la música! o la París de Charles Baudelaire en sus Flores del mal ni otros Estados Unidos tan alegres e inveterados, resueltos, llenos de Blues, de BeBop-Jazz y amantes de la vida vagabunda y de las personas con sustancia como Dean Moriarty, como en la novela En el camino de Jack Kerouac.
Y no es que no se deba leer y estudiar a estos autores. Al contrario. En ninguna línea sugiero semejante prescripción. Lo que sí deben hacer los escritores-lectores de estos decadentes, malditos, Nadaístas y Beats, es vivir y narrar con distancia y con cuanta originalidad puedan frente a estos íconos y movimientos que les son tan queridos: narrar y hacer la fiesta de los años que tienen en frente sin repetir la plana mejor hecha por otros.
Sirvan acá un par de versos descontextualizados de la canción Nuestro sueño del grupo Niche: Sé que sigo siendo primero, único y verdadero. Y es que nunca te fallé, nunca te fallé.
Por ejemplo: Charles Bukowski y su popular alter ego Henry Charles Chinaski ya hubo y otros no habrá.
No le falles a tus íconos joven escritor: Puedes hacerlo mejor y distinto. Ese sería el mejor homenaje para ellos.
Porque lo vi en escritores, poetas, cenáculos, tertulias y en universidades con facultades de literatura y / o creación literaria, entre otros, puedo decir que la Generación Beat y el malditismo mal digeridos, por ejemplo, han hecho mucho daño a muchos literatos en ciernes o ya viejos o mejor, y en aras de la verdad, estos mismos y no las obras, se han hecho daño por entender mal lo que tan claro está en las vidas y obras de los íconos a quienes nunca podrán alcanzar, por no entender como las polillas ante un foco que lo que encandila y atrae muchas veces quema y acaba. Este fenómeno lo he podido constatar en el hemisferio occidental, en Latinoamérica y Estados Unidos. Así que no sé cómo sean las cosas en otros lados.
Para desglosar lo anterior, pongamos el caso de un(a) señor(a) de cincuenta años y un(a) muchacho(a) de diecinueve, que al fin y al cabo, son el mismo, pero que, tal vez, tienen mínimas diferencias en la cantidad de años, lecturas y experiencia.
Este señor y muchacha son ávidos lectores de Charles Bukowski, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Rafael Chaparro Madiedo, Andrés Caicedo, Jack Kerouac, Efraim Medina Reyes, Allen Ginsberg, los Nadaístas, Raúl Gómez Jattin, Porfirio Barba Jacob, el poeta peruano Luis Hernández, Rodolfo Fogwill, etc. En fin. Con esta breve enumeración se puede hacer una idea el lector de la entrada.
Ahora, las vidas de estos autores y en algunas ocasiones sus obras literarias o viceversa, llevan bohemia, rebeldía manceba y otra con causas justas, además de la ingesta inconmensurable de alcohol y el consumo de drogas. Sus obras y existencias son alicientes para escritores jóvenes y eso estaría bien por sí solo, pero pasa que estos escritores de diecinueve pueden llegar a cincuenta con el mismo Olimpo personal de autores y con la frustración de haber perseguido una carrera literaria por medios equivocados: queriendo emular las vidas y obras de otros escribiendo inspirados por la estimulación alcohólica, drogadicta y una bohemia calcada de lo que fueron las vidas y obras de los íconos como los citados. La equivocación está en el método y el resultado, pues ya no habrá otra Bogotá igual a la de 1980 – 1990 en la que se basó Rafael Chaparro Madiedo para Opio en las nubes, ni tampoco habrá otra Cali como la de Andrés Caicedo en ¡Qué viva la música! o la París de Charles Baudelaire en sus Flores del mal ni otros Estados Unidos tan alegres e inveterados, resueltos, llenos de Blues, de BeBop-Jazz y amantes de la vida vagabunda y de las personas con sustancia como Dean Moriarty, como en la novela En el camino de Jack Kerouac.
Y no es que no se deba leer y estudiar a estos autores. Al contrario. En ninguna línea sugiero semejante prescripción. Lo que sí deben hacer los escritores-lectores de estos decadentes, malditos, Nadaístas y Beats, es vivir y narrar con distancia y con cuanta originalidad puedan frente a estos íconos y movimientos que les son tan queridos: narrar y hacer la fiesta de los años que tienen en frente sin repetir la plana mejor hecha por otros.
Sirvan acá un par de versos descontextualizados de la canción Nuestro sueño del grupo Niche: Sé que sigo siendo primero, único y verdadero. Y es que nunca te fallé, nunca te fallé.
Por ejemplo: Charles Bukowski y su popular alter ego Henry Charles Chinaski ya hubo y otros no habrá.
No le falles a tus íconos joven escritor: Puedes hacerlo mejor y distinto. Ese sería el mejor homenaje para ellos.
lunes, 10 de diciembre de 2012
La transgenerista, DJ y profesora Ladyzunga
Cualquier noche, en su discoteca preferida, la Dj y performista llamada LadyZunga puede ser quien lo ponga bailar mientras ella hace girar con especial arrebato los discos compactos y LPs en un mezclador con tres bandejas, dominados por un computador y sus dos manos con una manicura perfecta. Su estado de ánimo será alimentado por la cultura BDSM (Bondage Sadomasochism), que abarca por sus siglas en inglés: el vendaje, el sado y el masoquismo. En la marcha del movimiento LGBT en Bogotá en junio de 2011, LadyZunga salió a la calle con un enterizo negro con un quepis multicolor y un letrero muy arriesgado: Mato policías. En una foto que fue difunda en medios internacionales con la noticia de la marcha del orgullo gay en Bogotá, apareció posando al lado de un agente de policía antidisturbios con risa contenida y una pechera llena de bombas lacrimógenas.
LadyZunga o Lady Juliana Duque bien puede ser una de las transgeneristas más conocidas o con una popularidad en alza en Colombia equiparable solo a la de Endri Cerdeño, el transexual que se hizo famoso como actriz en novelas televisivas y en cine. Su apariencia es la de un actor de teatro Kabuki o de teatro inglés de la época isabelina -pero mezclado y actualizado con cyborg, látex, vinilo y un par de tremendos zapatos – de cuando las mujeres no podían actuar y los hombres se vestían de mujeres, con el resultado obvio de una apariencia andrógina. LadyZunga se autodefine como abyecta. Es sinónimo de un ser que borra los límites que separan a las razas y a los sexos. Su orientación sexual y su cuerpo dice, están en constante construcción y lo más cerca de un nombre para su género, como se llama a sí misma, es Mecha Cenobita Eva Pandrogénica. Su hermetismo la hace usar ese nombre artístico que une la palabra dama en inglés, Lady y Zunga, que es puta o buscona en colombianismo. Estudió diseño gráfico en la Universidad del Valle y aprendió la teoría del BDSM con maestros del arte y practicando. Sin tapujos cuenta que le gusta y se desvive por la cultura sadomasoquista porque su cuerpo está hecho para sentirlo, explorarlo, conocerlo y satisfacerlo. Dice haber comenzado su autovida sexual (masturbatoria y extravagante) a los 7 años y haber sabido desde entonces que le gustaban las prácticas sexuales no convencionales. ``¿Pero qué es lo convencional?´´, pregunta con burla.
Recuerda con un tinte de nostalgia a su padre, quien siempre la ha apoyado en sus sueños. En Cali alguna vez vio a un grupo mexicano en un bar con un par de tornamesas y decidió en una milésima una de sus profesiones: Pinchar discos, ser Dj. Aprendió a mezclar devolviendo y tocando casetes en un equipo doméstico. Así empezó el aprendizaje de la técnica musical, cómo hacer los intervalos y efectos, practicando en equipos prestados, yendo donde amigos que los tenían o el padre le ajustaba los equipos sonoros de la casa. El padre es un publicista y de alguna manera esto la llevó a hacerse diseñadora gráfica y perfomista de sado y de fetiche con el paso de los años. Su padre siempre ha respetado su forma de ser y le ha alcahueteado muchas de sus chifladuras. Aunque coordina los beats y hace bailar con varios tipos de música electrónica, prefiere el hardcore (duro, extremo) paralelo a sus otros gustos sexuales.
En las prácticas de BDSM funge como experta domina, es decir, es el agente activo, quien da ordenes y lastima a los sumisos. Ha dado talleres de BDSM en Universidades en Colombia como la Universidad Jorge Tadeo Lozano y Universidad Nacional; en Argentina y en varias ciudades colombianas donde hay pequeños focos de personas interesadas en el tema. No es un personaje fácil de entender, desde el inicio busca desintenificarse con un solo nombre y una sola profesión. Es domina, performista, profesora y Dj. Su autoindefinición pasar por otros filtros, rarezas y redundancias: Biomujer: mujer que vive, habita, siente. El concepto de mujer es una tecnología social de poder. Bio: vida que vive. Tecno mujer: mujer que aprovecha las tecnologías para su bien y construcción de lo que cada día la identifica. Trata de ser consecuente con sus pensamientos y sentimientos: lo tecno desde lo artificial, científico hasta los pensamientos. No sabe cuando llegó al planeta ni con qué fin, pero se considera ``una anécdota itinerante, cambiante, performática´´. Muy pronto espera hacer intervenciones mecánicas y tecnológicas a su cuerpo, quiere ser una transgenerista robot o ciborg o algo parecido. Dice que los humanos no somos sino bestias acomplejadas y adiestradas para ser supuestos humanos: ``Yo soy una bestia que no niega sus gustos, trato de hacer lo que mi cuerpo y pensamientos piden.´´ Sobre el trato en Colombia desde la ciudadanía y desde el marco legal a la comunidad LGBT acomete con furor. Afirma que la sociedad de su país es irracionalidad y sumisa, en el peor sentido de la palabra: ``Muchos colombianos actúan como seres territoriales criados y amaestrados por la cultura europea y sobre todo por la anglosajona. La radicalidad es buena pero si se ejecuta, de lo contrario no sirve, entonces es mejor ser maleables sin ser influenciables. Se tilda de mala a la feminidad pero los hombres están con mujeres. ¿Entonces? No sé en qué momento la gente empezó a agruparse y a ponerse letras para reconocerse, afirmarse, y refugiar sus miedos y crear mingas, arrejuntamientos, guetos. No se en qué se diferencia una persona LGBT de otra. Todas las personas somos diferentes, pero los derechos son los mismos para toda la humanidad.´´
Tilda LadyZungaa las dominaciones como sexo alternativo. A sus trabajos y a gusto por este tipo de vida los ve como algo extraordinario. La mitad de las personas con las que trata, sobre todo los nuevos practicantes le confiesan arrepentimiento por haber perdido el tiempo practicando sexo vainilla o tradicional y que desearían haber conocido el BDSM antes. Advierte que en el BDSM hay normas de seguridad, consenso y metaconsenso y lo más importante higiene. Trabaja con varias sumisas y esclavas al tiempo en las sesiones privadas o de enseñanza, en universidades, calabozos y en eventos de la pequeña pero cada vez más activa comunidad colombiana con este tipo de gustos por prácticas de sexualidad extrema. Le encanta el olor de la gran cantidad de drogas excretadas por el cuerpo después de cada sesión sadomasoquismo, mezcladas con las texturas de ropa artificial, con el cuero y con metales. Si bien puede sonar a algo loco para conservadores, el BDSM tiene sus normas.
LadyZunga no confiesa sus fantasías, las reduce, como domina que es, en querer ser LadyZunga y en poder hacer lo que se le de la gana con ella y con los demás. No le gusta el porno. No tiene predilección por marcas de atuendos para sus presentaciones, eso sí, aclara que le parecen encantadores los trajes de látex porque asemejan a un androide. Dice admirar a LadyZunga, como si hablara de otra persona y a Nobuyoshi Araki. En arte y en cine privilegia a Joel Peter Witkin, Mark Ryden, H.R. Giger , David Cronenberg, Michael Goundry, William Gibson y Shinya Tsukamoto. En música delira por The Chemical Brothers, The Speedfreak, The Horrorist aka, Oliver Chestler y Atari Teenage Riot. Toda la lista, claro está, con puntos suspensivos, pues le gustan más cosas pero quiere dar un muestra de sus gustos de domina. Como Dj usa varias computadoras, controladores midi, tornamesas, programas para producción de música como Reason y Ableton Live; un Ipod o Ipad y su cerebro. Una fiesta con LadyZunga está cargada de sorpresas musicales, fuerza, energía, poder y contenidos visuales inéditos y no aptos para menores.En la actualidad prepara un perfomance muy ambicioso llamado LadyZunga Monstruo, un obra de arte en acción con dos etapas para el que anda buscando colaboradores.
La práctica de BDSM ha ido agarrando fuerza y hay ya muchas comunidades virtuales para los adeptos locales y de afuera: Mazmorra (Argentina y Colombia), insex.com y houseofgord.com en Colombia. La acogida en bares, en universidades, en eventos organizados por el distrito en Bogotá, de un personaje tan increíble como este, es una muestra de la apertura sobre actividades sexuales díscolas y también de mayor aceptación hacia las minorías de género. Sin embargo, el hermetismo con que LadyZunga lleva su identidad y otras cosas sobre su vida, llevan pensar que todavía falta más libertad y respeto por personas como ella.
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lunes, 3 de diciembre de 2012
Christopher Hitchens en Cartas a un contradictor joven.
Christopher Hitchens en Cartas a un
contradictor joven: Cuídate de lo irracional, no importa cuán seductor
sea. Huye de lo ``trascendente´´ y de todos los que te inviten a
someterte o aniquilarte. Desconfía de la compasión; prefiere antes la
dignidad para contigo y los demás. No tengas miedo de ser considerado
arrogante o egoísta. Imagínate a todos los expertos como si fueran
mamíferos. Nunca seas un simple espectador de la injusticia o la
estupidez. Busca la discusión y la disputa por su propio bien, la tumba
te proporcionará un montón de tiempo para el silencio. Sospecha de tus
propios motivos y de todas las excusas. No vivas por los demás más de lo
que esperas que otros vivan por ti.
Traducción libre por Juan Pablo Plata.
jueves, 25 de octubre de 2012
El tiempo - los años del ruido
Por Juan Pablo Plata
Lo del temblor se puede descartar o considerar si creemos que el tiempo del ruido tuvo réplicas de sus causas en una época más reciente, por ejemplo, el 26 de agosto de 1883, cuando un tsunami en el Océano Pacífico en la extinta isla de Krakatoa tuvo su caja de resonancia, la liberación de su energía en Bogotá, con siete enviones que causaron un gran zafarrancho en la ciudad, pero sin la duración de varios minutos del ruido oído el 9 de marzo de 1687 al que se atribuye el nacimiento de las frases hechas para hablar de algo antiquísimo.
La relación entre Krakatoa y el tiempo del ruido no ha sido aún una apuesta de nadie, o el trabajo de algún científico, y tal vez se pueda formular una explicación a lo de 1687 uniendo los dos eventos. ¿Quién puede negar hasta ahora que un temblor anterior en Krakatoa ocasionó lo del tiempo del ruido en 1687? Al fin y al cabo, son hechos nada inexplicables si se les despoja de la superstición.Bien puede uno repetir, con gran soberbia, la frase del célebre entrenador de baloncesto Al McGuire: «El único misterio en la vida es porqué los pilotos kamikazes llevaban casco.» De todas formas, Bogotá se palpa a ratos como un lugar colmado de presagios siniestros contenidos en su pasado. Es como una ciudad acechada por amenazas confusas a las que unos pocos prestan atención o enrarecen. Dicen que el cura Francisco Margallo dijo alguna vez :«El 31 de agosto de un año que no diré, sucesivos terremotos destruirán a Santa Fe.» Su vaticinio casi coincide con el terrible terremoto del 16 de noviembre de 1827. Por la inexactitud hay quienes todavía esperan un hecho en el futuro. Más vale que no pase nada. Sin embargo, no se deben olvidar las causas naturales al hablar de estos asuntos.Tampoco es para volverse un fanático alarmista, pero no se puede pasar por alto que varios fenómenos naturales y extraños se han dado en la capital de Colombia. Si bien todo va a acabar algún día, eso está claro, hay espacios, cosas y personas que parecen ir adelantadas como un viento negro hacia el final general.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Las cartas de verdad (Relato)
Por Juan Pablo Plata.
@jppescribe
Antes, cuando no me salía nada, usaba acomodadas para cada ocasión las cartas de Juan Rulfo a su mujer, que no hacía mucho habían sido publicadas. Eran muy efectivas las postales del escritor mexicano, por tiernas y bien escritas. Las modificaciones que le hacía a las correspondencias comenzaban por el nombre de la muchacha, después cambiaba la fecha y hacía la adición de detalles propios de la relación. Una mañana, de no sé de qué mes y año del final de mi adolescencia, me desperté con el problema de haber usado y agotado ya todas las combinaciones de las cartas en el libro. Recordaba mucho a la novia de entonces, porque su padre era arquitecto y tenía unos ojos de pez payara, pero amarillos y más saltones, y porque no tuve cómo, no hubo carta, para poder ablandarle el corazón por una falta de la que hoy ya no tengo memoria. Por entonces no sabía cómo escribir una carta honesta y dolida. Pensé que Rulfo debió haber escrito más de ochenta cartas o que debieron poner más de ellas en el libro. Intenté escribir, pero no logré nada. Me tiraba la fuerza de la costumbre de lo fácil que había sido hasta entonces pedir perdón, justificar una ausencia o desatención. Como estrategia final, fui a buscar las posibles cartas amorosas de mi familia, para ver si sobre ellas ajustaba mis necesidades y sentimientos. No encontré nada ni en los cajones de los hombres, ni en los de las mujeres. No existían las cartas o estaban confinadas al mayor secreto. En la biblioteca pública tampoco encontré nada útil y el temor me impidió pedir ayuda a alguien, pues podían delatarme. Tampoco quería dedicar una canción. Todo eso desvariaba. La muchacha, una morena lindísima, se perdió y supe que por lo menos en mi ciudad ya no podía usar las cartas de Aire de las colinas. Ya estaban muy usadas y podía ser descubierto. Por una temporada dejé las relaciones largas y tormentosas y me dediqué a breves escarceos, a mis estudios y viajé a otra ciudad. No necesité cartas por un rato. Cuando regresé, conocí a Marcela Vernela, una recién llegada a la ciudad. Nos enamoramos y pronto tuvimos nuestra primera refriega por mi culpa. Pensé, para variar, en usar una vez más a Rulfo, pero recordé que ella cuando no hablaba de sus planes futuros, casi siempre botaba corriente sobre música llanera o de los libros que leía y dentro de esos estaba Don Juan Rulfo. Con el recuerdo vivo del fracaso con la morena, puse en marcha una carta para Marcela. Por primera vez iba a escribir una carta de amor. Al final, morí, salí de un mosto de tristeza, escribí la carta y la envié por correo electrónico. Ella se había metido bien adentro, por donde tengo el hígado y el miedo y había roto mi pereza. La carta sentida, cierta, ridícula, no tuvo ningún efecto. Extrañé tanto a Rulfo cuando fui acusado de plagiario e insensible. Fui a buscarla, le dije que por primera vez había escrito una carta amorosa completa: era pésima pero original. Le conté lo de Rulfo y rió a carcajadas y tiempo después nos fuimos a vivir juntos. Esa era la verdad de las cartas.
@jppescribe
Antes, cuando no me salía nada, usaba acomodadas para cada ocasión las cartas de Juan Rulfo a su mujer, que no hacía mucho habían sido publicadas. Eran muy efectivas las postales del escritor mexicano, por tiernas y bien escritas. Las modificaciones que le hacía a las correspondencias comenzaban por el nombre de la muchacha, después cambiaba la fecha y hacía la adición de detalles propios de la relación. Una mañana, de no sé de qué mes y año del final de mi adolescencia, me desperté con el problema de haber usado y agotado ya todas las combinaciones de las cartas en el libro. Recordaba mucho a la novia de entonces, porque su padre era arquitecto y tenía unos ojos de pez payara, pero amarillos y más saltones, y porque no tuve cómo, no hubo carta, para poder ablandarle el corazón por una falta de la que hoy ya no tengo memoria. Por entonces no sabía cómo escribir una carta honesta y dolida. Pensé que Rulfo debió haber escrito más de ochenta cartas o que debieron poner más de ellas en el libro. Intenté escribir, pero no logré nada. Me tiraba la fuerza de la costumbre de lo fácil que había sido hasta entonces pedir perdón, justificar una ausencia o desatención. Como estrategia final, fui a buscar las posibles cartas amorosas de mi familia, para ver si sobre ellas ajustaba mis necesidades y sentimientos. No encontré nada ni en los cajones de los hombres, ni en los de las mujeres. No existían las cartas o estaban confinadas al mayor secreto. En la biblioteca pública tampoco encontré nada útil y el temor me impidió pedir ayuda a alguien, pues podían delatarme. Tampoco quería dedicar una canción. Todo eso desvariaba. La muchacha, una morena lindísima, se perdió y supe que por lo menos en mi ciudad ya no podía usar las cartas de Aire de las colinas. Ya estaban muy usadas y podía ser descubierto. Por una temporada dejé las relaciones largas y tormentosas y me dediqué a breves escarceos, a mis estudios y viajé a otra ciudad. No necesité cartas por un rato. Cuando regresé, conocí a Marcela Vernela, una recién llegada a la ciudad. Nos enamoramos y pronto tuvimos nuestra primera refriega por mi culpa. Pensé, para variar, en usar una vez más a Rulfo, pero recordé que ella cuando no hablaba de sus planes futuros, casi siempre botaba corriente sobre música llanera o de los libros que leía y dentro de esos estaba Don Juan Rulfo. Con el recuerdo vivo del fracaso con la morena, puse en marcha una carta para Marcela. Por primera vez iba a escribir una carta de amor. Al final, morí, salí de un mosto de tristeza, escribí la carta y la envié por correo electrónico. Ella se había metido bien adentro, por donde tengo el hígado y el miedo y había roto mi pereza. La carta sentida, cierta, ridícula, no tuvo ningún efecto. Extrañé tanto a Rulfo cuando fui acusado de plagiario e insensible. Fui a buscarla, le dije que por primera vez había escrito una carta amorosa completa: era pésima pero original. Le conté lo de Rulfo y rió a carcajadas y tiempo después nos fuimos a vivir juntos. Esa era la verdad de las cartas.
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